domingo, 2 de octubre de 2011

Cuando las palabras fluyen.

Noche incompleta. Solo un par de horas fuera de casa y es como si estuviera en el mismo paraíso. Aquellos a los que llamo amigos me han invitado a su casa, me han servido un cachi y me han dado sus sonrisas.

Con grandes ojos pintados de rímel, una camiseta friki que reivindicaba mis ganas de ser diferente a las demás, cachi en mano y una ramita de marihuana en mi boca, me dispuse a entonar la primera canción que saliera al azar en el Singstar.

Porque esta noche me sentía bien, desahogada después de escribir en mi blog, y con ganas de seguir mi vida, cachi tras cachi.

No señores, estas palabras no son fruto del alcohol, como aquellos escritores que tanto admiraba, el miserable y el bohemio, por así llamarles, sino que esto que están leyendo ustedes proviene de una mente que se adapta a la circunstancia, que es feliz, y que ante todo, quiere preservar su identidad.

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