Con el grandioso Bruno Mars de fondo, cantando "Talking to the moon" y a punto de entonar "Who is", me dispongo a escribir la entrada que más sentimientos saca de mi.
Esa debilidad, esa persona que lo hacía todo totalmente diferente, aquel que por su culpa llenaba mi almohada de rímel. Incorregible. Así le definía yo. Esa sonrisa, la picardía, los aires chulescos que tornaban en un mar de caricias, ternura, y todo lo que no se podría esperar de un chico así. Era diferente. Es diferente. Y desgraciadamente lo que yo quiero.
Y tengo que esperar. Porque eso es lo que voy a hacer. Esperar lo que sea necesario. Quizás me lo quiten, seguramente una mujer de perfectas curvas, una chica preciosa que no tenga que sacrificar nada por estar con él, alguien que no dé problemas. Si eso ocurre, no pensaré que mi tiempo fue algo perdido, porque jugaba sabiendo que podía perder el partido.
Salir, estar juntos, volver a casa y no poder desprenderme de su olor. Ese dulce aroma que no estaba segura si era de su propia piel o de algún tipo de colonia en particular. Me daba igual, era el pequeño recuerdo que me dejaba, las pocas veces que me lo dio, y que yo absorbía con tantas ansias que parecía una maldita yonki. Pero eso era en verdad, una enganchada de su olor, de su sabor, de él en general.
No, nunca dije que le quería. Quería decírselo pero por orgullo pensaba "Quiero que me lo diga él primero". Quizás si lo hubiera hecho las cosas serían distintas ahora, y podría volver a acurrucarme contra esa camiseta que tanto me gustaba, esa prenda que simbolizaba nuestra pequeña broma secreta, ese superhéroe que le representaba a él, a lo que era para mi y lo que yo era para él.
Quería dar lo mejor de mi, lo que nunca pude darle a nadie, porque mi corazón no estaba dispuesto a derrocharlo, te estaba esperando a ti. Y así ha acabado, con una hostia en el mismo centro, por circunstancias de la vida relacionadas.
Tengo mucho más que decir, mucho que aportar, pero este dolor de estómago no me permite pensar con claridad y las lágrimas no me dejan ver lo que escribo en la pantalla. Que los ojos y el estómago estén conectados con el corazón es, probablemente, el mayor fallo de la raza humana.
Solo espero que no te vayas de esta puta ciudad, que estemos juntos y que si llegas a irte, yo me voy contigo. Mucho pide aquella que quiere convertirse en musa.
"Si me dices ven lo dejo todo, pero dime ven".
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