domingo, 1 de mayo de 2011

Egoísmo.

"Entonces me di cuenta de que algo nuevo estaba pasando dentro de mí. Me di cuenta de que en realidad hay mucha gente mala, bueno, muchos adultos malos...que por fuera tienen una cara y por dentro otra, como si fueran chalecos reversibles.
Sentí una gran impotencia al recordar la cantidad de amigos que tenían problemas en sus casas.
No sabía dónde me llevaban mis pasos. Sólo pensaba en ellos, a los que yo les contaba todo y a cambio me contaban una historia peor. En todos esos momentos me sentia egoísta, como si creyera que mis penas pudieran ser clasificadas como "desgracias internacionales", y no me daba cuenta de que millones de personas estaban peor qe yo.

Frené en seco, no podía seguir caminando como si nada, compadeciéndome de los demás. Tenía que hacer algo para ayudarles, para dejar mi egoísmo atrás, y demostrar de una vez por todas que ellos me importaban. Tenía que dejar de ser egoísta.
Miré a mi izquierda. A un par de metros de mí había una mujer pintada de blanco, con un largo vestido del mismo color, oscurecido por el tiempo, supongo. Estaba totalmente inmóvil, con una postura fija, esperando a que alguien le echase una moneda en el trapo que ella misma había dejado enfrente suyo.
Pensé en darle una limosna, para sentirme mejor...pero me di cuenta de que sería de mala educación pedirle cambio para un billete de diez."

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