Aquí pongo un poco del primer capítulo, no es una buena historia, y no escribo bien, pero me da igual, es mío.
"Bajé de forma prudente, buscando con mil ojos la representación antropomórfica de la ira, justo en el momento en el que vi aquella furia arremetiendo contra el teléfono, colgándolo con una rudeza impropia de un ser humano. Entonces comprendí mi error: no había dado el recado de la llamada. Mierda. Ahora sí que estaba con el agua al cuello. En cuanto el monstruo se percató de mi presencia se abalanzó hacia las escaleras sujetándose al pasamano, persiguiéndome con los ojos saliéndose de sus órbitas, inyectados en sangre. Me di la vuelta rápidamente, subiendo torpemente los tramos de las escaleras que antes había bajado con aire cobarde. Subí tropezándome a cada paso que daba en busca de la soledad y protección de mi cuarto, mientras me reía en mi cabeza por la pinta estúpida que debería de tener vista desde fuera: un pato mareado subiendo casi a cuatro patas las escaleras de caracol.
Cuando llegué arriba corrí hacia el final del pasillo y entré en mi habitación casi resbalándome con el parqué, cerré la puerta de un golpe y me puse de espaldas contra ella, para evitar que se abriera. Debería haberme escondido en el baño, que por lo menos tenía pestillo.
Oía los tumbos que daba aquella bestia al caminar con fuerza por el pasillo, y empecé a lloriquear cuando sentí los golpes que daba contra la puerta, pidiéndome que le abriera, que si no lo hacía yo acabaría abriendo él por la fuerza. ¿Acaso no estaba ya intentando eso? Intenté soportar aquellos viajes que le daba a la puerta de la mejor forma, apretando los dientes, aguantando las ganas de llorar de verdad e ignorando la molestia que me producían los mechones de pelo resbalando por mi cara por cada puñetazo que arremetía contra la puerta.
La presión fue demasiada. No podía pensar, no resistía ni un momento más, y me estaba ahogando en mis propias lágrimas. Notaba cómo el corazón me latía a mil por hora, cómo mis brazos se cansaban de sujetar la puerta, me pedían un descanso, pero no podía dárselo, no ahora. Necesitaba un poco más de tiempo. Necesitaba a mi ángel de la guarda, hoy no quería acabar mal, hoy no por favor…
Sin embargo, acabé cediendo al cansancio de mis extremidades y antes de relajar todos los músculos para lo que sería la llegada del infierno me tiré en la cama; así por lo menos no caería en el duro suelo.
Entró como una exhalación en el cuarto, encontrándome tumbada encima de mi cama deshecha, agarrada con vagas esperanzas de misericordia al edredón, derramando patéticas lágrimas de desesperación.
Me gritó todo lo que yo había sido y podía ser en este mundo, la carga que suponía e incluso nombró mi inepta capacidad para recordar eventos. Acto seguido, me cogió de los mechones de pelo sueltos que se esparcían por la cama, rodeando mi frágil cabeza, para asegurarse de que le estaba escuchando. Claro que le estaba escuchando, era imposible no escuchar esos berridos en un radio de 3 kilómetros.
Aunque sabía que le estaba escuchando no me soltó, me arrastró fuera de la cama, gritando de dolor, llorando por el futuro que me esperaba. Se limitó a zarandearme manteniéndome casi de pie, sosteniéndome sólo por el pelo. ¿Era mi imaginación o podía sentir cómo las raíces se separaban de mi cabeza? El dolor era tan intenso que mi voz se acababa, no llegaba a expresar todo lo que sentía."Os dije que no os gustaría.
Naughtyparadox
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